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¡nuestra segunda expedición!

(Noviembre de 2017)

La expedición de noviembre de 2017 empezó, precisamente, en el mes de abril de ese mismo año, durante nuestro primer viaje a Burkina Faso. Allí pudimos vivir una experiencia que se puede calificar, sin duda, como agridulce: por una lado, sentimos una enorme satisfacción al hacer entrega a los niños y niñas de la Escuela Primaria Pública de Makognadougou, una comunidad rural a 50 kilómetros de Bobo-Dioulasso, de las 100 mochilas con material escolar que habíamos conseguido gracias a las donaciones de nuestros colaboradores; sin embargo, por otro lado, sentimos una enorme tristeza al no poder entregar una mochila a cada uno de los 850 niños que habían acudido a nuestra llamada.

 

Fue en ese preciso instante, tras comprobar que ni uno solo de esos niños y niñas articulaba un mal gesto en sus caras o se contrariaba por no haber recibido una mochila, cuando nos prometimos regresar lo antes posible y, esta vez sí, con una mochila para cada uno. Al contrario de lo que se podía esperar, todos los niños estaban felices. Unos por haber recibido la mochila y otros, sorprendentemente, porque la había recibido algún compañero o compañera suyo. ¡Qué lección de generosidad nos dieron! Desde ese momento, Burkina Faso conquistó nuestros corazones.

 

Así pues, en cuanto regresamos a Málaga comenzamos a trabajar para cumplir ese nuevo objetivo. Inmediatamente se unieron a la aventura muchos amigos, Rosa, Paco, Tamara, Loli, Luisda, Olivia, Marta, África, Manuela, Javier, Susi, Raquel, Auxi y muchos otros que vieron reflejados en nuestra Asociación, en nuestra forma de hacer las cosas, sus propios valores y su generosidad hacia los más necesitados.

 

Al plantearnos unos objetivos más ambiciosos, también necesitaríamos unos vehículos más1 grandes, con mayor capacidad de carga. Finalmente nos hicimos con una Renault Trafic Capitoné y una Iveco 35E12, que, no obstante, se quedaron pequeñas para la gran cantidad de donaciones que recibimos. En esta ocasión transportamos hasta Burkina Faso 1500 mochilas con material escolar, 750 kg. de material escolar surtido, 700 kg. de material sanitario, 1100 kg. de alimentos no perecederos, 500 kg. de ropa y calzado de bebés e infantil, 250 pares de botas de fútbol y 200 kg. de juguetes y balones de fútbol.

 

Y, tras unos meses de intenso trabajo en nuestro “garaje”, de numerosos trámites burocráticos y de inmensa felicidad ante la avalancha de solidaridad que tuvimos, por fin llegó el momento de iniciar la aventura. El día elegido, el día que parecía que nunca iba a llegar, fue el 15 de noviembre. Esta vez la expedición estaría compuesta por un grupo más numeroso de amigos, que se dividió en dos equipos:

 

Por una parte, el convoy que viajaría por carretera, que estuvo compuesto por tres personas: Inoussa Tapsoba, al volante de la Iveco, Paco Jiménez, conduciendo la Renault Trafic, y Pepe Cruz, que decidió viajar a Burkina Faso en su motocicleta, una Honda CRF1000 Africa Twin.

 

Por otro lado, un equipo formado por cinco miembros, Rosa, Manuela, Tamara, Marta y Luisda, que viajaría en avión desde Málaga hasta Uagadougou (haciendo escala en Casablanca), donde fueron recibidos por nuestro queridísimo Mohamed, el representante de nuestra Asociación en Burkina Faso, y, desde allí, en autobús hasta Bobo-Dioulasso, donde se encontrarían con los miembros del convoy terrestre.

 

Nuevamente tras innumerables peripecias y algunas adversidades, por fin todos llegamos a Burkina Faso el día 26 de noviembre. El momento del encuentro entre los dos equipos, a 5000 km. de nuestras casas, fue un momento muy emocionante y que nunca olvidaremos.

 

Esa misma noche nos alojamos en el Hotel Algouta, de Bobo-Dioulasso. Allí permanecimos durante toda nuestra estancia en Burkina Faso. Nunca tendremos las suficientes palabras para agradecer a Aissa Traoré, su propietaria, a Seraphin, Juliet, Inés y al resto del personal, la amabilidad y el cariño con el que nos acogieron, haciéndonos sentir como en nuestra propia casa. Nuestras cenas en el Algouta, las patatas de Seraphin acompañadas por una buena “Brakina”, estarán para siempre entre nuestros mejores recuerdos.

 

Al día siguiente de nuestra llegada, el 27 de noviembre, establecimos nuestra “base de operaciones” en la casa de Inoussa, también en Bobo-Dioulasso. Ahora tocaba preparar todo el material para su posterior entrega a los niños y niñas burkineses. Todos nos pusimos manos a la obra y trabajamos sin descanso, soñando cada uno, sin duda, con los momentos mágicos que estábamos a punto de vivir. También pudimos disfrutar de la compañía de la maravillosa familia de nuestro querido Inoussa, de sus dos esposas y de sus hijos, Assis, Levier, Hadja, Buba, e Ibra, quienes también contribuyeron con su esfuerzo para preparar las mochilas y todo lo demás.

 

El primero de los momentos mágicos que pudimos vivir en Burkina Faso tuvo lugar el día 28, cuando fuimos al Orfanato DEN KANU, dirigido por las Hermanas de la Anunciación de Bobo-Dioulasso. A nuestra llegada, les hicimos entrega de una gran cantidad de material (mochilas, alimentos, pañales, hamacas de bebés, juguetes, ropa y calzado…). Es indescriptible la sensación de llegar con las manos llenas a un lugar donde existen tantas necesidades…

 

DEN KANU, en idioma yulá, significa “EL AMOR DE LOS NIÑOS”. Desde el primer instante pudimos percibir que ese nombre no era una casualidad. Los niños y niñas del orfanato nos recibieron entusiasmados, al grito de “TUBABU” (persona blanca), reclamándonos todo nuestro cariño y atención, y nosotros no pudimos sino dejarnos llevar y acabar cada uno con cuatro o cinco niños colgados de nuestros cuellos, o con otros tantos tocándonos el pelo sorprendidos por su suavidad, o con un bebé durmiendo plácidamente entre nuestros brazos…

 

Nunca olvidaremos las tres intensas y maravillosas horas que dedicamos a bañar a los 43 bebés y niños del DEN KANU. Tres horas de risas, llantos, olor a ropa nueva y a colonia que estarán grabadas a fuego en nuestros corazones para el resto de nuestras vidas. Más tarde, después del almuerzo, durante la siesta de los niños, aprovechamos para, en compañía de la Superiora del Orfanato, la Hermana Agatha, y el resto de Hermanas, Odile, Edwige y Bienvenue, recorrer las instalaciones y analizar las carencias y necesidades existentes en el orfanato, en las que trabajaríamos a nuestro regreso a España. Pero eso forma parte ya de una nueva historia…

 

Al día siguiente, 29 de noviembre, nos aguardaba otro de los momentos inolvidables del proyecto. Ese día visitaríamos a los niños y niñas de la Escuela Primaria Pública de Makognadougou, y les entregaríamos a cada uno una mochila repleta de material escolar. El recibimiento que nos brindaron los más de 850 niños y niñas de la Escuela, su director, nuestro querido Diendonné Ouattara, el resto de profesores y las autoridades locales fue, sencillamente, indescriptible. Las lágrimas no podían parar de brotar de nuestros ojos cuando vimos a aquellos niños sosteniendo carteles de bienvenida con cada uno de nuestros nombres.

 

La jornada fue agotadora. Durante ocho horas, ininterrumpidamente, entregamos casi 900 mochilas, 250 pares de botas de fútbol (que tuvimos que poner a cada niño, puesto que muchos ni siquiera sabían hacerlo) y 100 balones de fútbol. Pero sentir a cada uno de esos niños temblando de la emoción, con sus corazones a mil por hora, ver sus ojos brillantes cuando se acercaban hacia nosotros para recibir su mochila, o sus botas de fútbol, hizo que ninguno de nosotros desfalleciera por el cansancio o el intenso calor. Al contrario, estábamos radiantes, más fuertes que nunca, con una energía que solo se recibe de la mejor fuente de energía posible: el amor.

 

Ese día también será recordado para siempre por el encuentro que tuvimos con alguien muy especial: Adjara. Adjara es una niña de once años, natural de Makognadougou, que presentaba un estado de salud lamentable. Su peso rondaba los 19 kilos, su corazón no bajaba de las 130-140 pulsaciones por minuto y de su rostro, de su mirada, manaba una tristeza apabullante. Rápidamente, fue “adoptada” por el grupo, especialmente por Tamara, Luisda y Manuela, que consiguieron la aprobación de su familia para trasladarla con nosotros a Bobo-Dioulasso y someterla a diversas pruebas médicas. Gracias a la firme voluntad y a la generosidad mostrada por nuestros tres amigos, Adjara obtuvo un diagnóstico fiable de su dolencia, hipertiroidismo, descartando otras enfermedades y pudiendo ser tratada con la medicación adecuada. A día de hoy, Adjara ha ganado peso, su corazón late a un ritmo normal y puede ser, por fin, una niña feliz. Su historia constituye, sin duda, uno de los “milagros” que pudimos vivir durante nuestro viaje.

 

Los siguientes días continuaron con la misma dinámica que los anteriores: trabajo intenso y mucha, ¡muchísima!, satisfacción. El día 30 visitamos el Centro de Salud y Promoción Social de Hamdalaye, donde trabaja una hermana de nuestro Inoussa, la doctora Zenabo Tapsoba, a la que hicimos entrega de una gran cantidad de material fungible sanitario; el día 1 de diciembre acudimos a la guardería “MARÍA LUISA LERÍA”, llamada así en honor a una de las miembros de nuestra Asociación, haciendo entrega a los niños y niñas de una gran cantidad de material escolar, mesas y sillas infantiles y juguetes; y el día 2 repartimos las más de 600 mochilas con material escolar que aún nos quedaban en diversas comunidades rurales en el entorno de Makognadougou.

 

Precisamente esa jornada del día 2 de diciembre, en la que hicimos entrega del material escolar que aún nos quedaba, y también de gran cantidad de botes de leche en polvo, a cientos de niños y niñas que viven en unas condiciones terribles, de una gran pobreza, acabamos recibiendo en nuestros corazones el mayor impacto de todo el viaje, pues pudimos percibir en sus miradas toda la crueldad de sus vidas, de sus circunstancias. Unas miradas de absoluta resignación a su fatalidad que nuestro querido compañero Luisda se encargó de captar para siempre con su cámara…

 

Y el día que una parte de cada uno de nosotros no quería que llegase, llegó. El día del regreso a España. Tras pasar otra jornada con los niños y niñas del Orfanato DEN KANU, y disponer de algunos momentos para hacer un poco de turismo y algunas compras para nuestros seres queridos, por fin, el día 5 de diciembre tomamos el autobús (de la empresa Saramaya) que nos llevaría desde Bobo-Dioulasso hasta la capital, Uagadougou, donde se encuentra el Aeropuerto Internacional de Burkina Faso. Allí el grupo, tras diez días de intensa convivencia, se volvió a dividir, pues Pepe e Inoussa se quedaban en tierras africanas para completar algunos objetivos que aún no se habían cumplido (entre ellos, la entrevista con el Ministro de Salud para hablarle de nuestro proyecto de construcción de un Centro de Salud en Makognadougou).

 

Durante el momento de la despedida, entre abrazos y lágrimas, y también mientras despegaba el avión de Royal Air Maroc y comenzaba a surcar los aires de regreso a España, en nuestras cabezas y en nuestros corazones hacíamos de manera inconsciente un repaso a todo lo vivido, y llegábamos cada uno de nosotros, exactamente, a la misma conclusión: que aquel viaje, aquella expedición, había cambiado nuestras vidas para siempre.

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